Ese adjetivo posesivo pretende ser amable, pero quizás lleva consigo una connotación incómoda para esos grupos

Expresiones como “nuestros pensionistas”, “nuestros mayores”,

/2020-06-06/solo-mia.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/sociedad/2020-06-06/solo-mia.html" data-link-track-dtm="">“nuestras mujeres”, “nuestros jóvenes”… aparecen con frecuencia en el lenguaje público. Ese adjetivo posesivo pretende ser amable, y como tal ha de acogerse; pero quizás lleva consigo una connotación incómoda para quienes son mencionados con él. Aunque implica acercar a los grupos referidos, finalmente los excluye del sujeto gramatical y los convierte en un ellos. De ese modo, el político de turno se presenta como parte de una colectividad hablante que a su vez posee a otros sobre los que en ese momento se dice algo, pero no como miembros del colectivo principal sino como circunstancia añadida. “Nuestros” evoca un grupo en el que el personaje público se encuadra... y a la vez otro grupo distinto que constituyen aquellos a quienes se refiere el sustantivo que lo acompaña (“nuestros mayores”...). Así que este segundo grupo no contiene a quien habla. Y a su vez el grupo del portavoz excluye de sí a las personas incluidas en el ajeno.