La casa no depende de proveedores externos ni sufre volatilidad en la calidad y, sobre todo, mantiene un ritmo ajeno a las presiones del mercado. Es la única gran marca de lujo que ha crecido en estos últimos dos años, en los que el sector registra su primera recesión en décadas

En el patio de una antigua fábrica de tabaco, Axel Dumas charla animadamente con un grupo de personas. Minutos más tarde, se sube a un pequeño escenario: “El mundo está cambiando, pero me hace feliz volver a un taller parecido al que me crie: el corte de cuero en el centro, el taller de ensamblaje con su mesa, y todos los artesanos pudiendo comunicarse con facilidad. Esta unión ahora mismo es esencial”. Entre aplausos, el CEO de Hermès, sexta generación de la empresa familiar fundada en 1837, da por inaugurado el 23º taller de marroquinería de la marca, esta vez en Riom, una localidad de poco menos de 20.000 habitantes. ...

Aquí trabajan 280 artesanos que han aprendido a crear los bolsos Birkin y Constance, aunque a la inauguración han venido también directivos y artesanos de otros talleres cercanos. Porque cada vez que Hermès abre un nuevo taller (workshop, como ellos lo denominan) la celebración es mayor que la de cualquier desfile o lanzamiento exclusivo. Hace tres meses abrieron otro, el número 24, en L’Isle-d’Espagnac, en la región de Nueva Aquitania, un antiguo aeródromo en el que 260 artesanos fabrican bolsos Kelly y Birkin.