La rápida urbanización de la isla para recibir a cada vez más visitantes y las recientes inundaciones ponen sobre la mesa la urgencia de plantear alternativas sostenibles para el sector

En Tegallalang, un turístico pueblo de Bali, famoso por sus vistas a los campos de arroz, Ni Kadek Amy recuerda que antes se veían más luciérnagas. “Ahí atrás, en el jardín, había muchas. Hasta que llegaron más luces de hoteles y villas”, dice. Su alojamiento rural se encuentra en mitad de un subak, un antiguo sistema de riego balinés reconocido como patrimonio la Unesco, hoy amenazado por la masiva conversión de arrozales en zonas edificables por parte de inversores extranjeros.

En las últimas semanas, el azote de fuertes lluvias e inundaciones, agravadas por la urbanizaciónde la isla, han puesto en evidencia la necesidad de cambiar el modelo turístico. En septiembre, el Gobierno declaró el estado de emergencia tras registrar las peores inundaciones de la isla en los últimos diez años. Una tragedia que se cobró la vida de 19 personas y sumergía 112 barrios en el sur de Bali. En los días siguientes, activistas, políticos y expertos se apresuraron a señalar a la crisis climática y la transformación masiva de terrenos naturales en urbanizables como principales causas de la catástrofe, ya que la vegetación también actúa como cuencas naturales de absorción.