Uno es miembro de la tercera generación de Puig. El otro es uno de los narices más famosos del mundo. Juntos han revisitado el pasado del gigante de belleza catalán para crear unas aguas de colonia que huelen a historia, pero también a futuro
“¿Qué se le regala a un rey?”. Eso mismo se preguntó Manuel Puig en febrero de 2024, cuando Felipe VI y la reina Letizia inauguraron la nueva Torre Puig en L’Hospitalet de Llobregat. El ejecutivo, miembro de la tercera generación y vicepresidente del gigante de belleza catalán que lleva su apellido, no lo tenía fácil. El grupo, fundado por su abuelo hace 111 años, posee 14 marcas y tres licencias de 10 países diferentes, desde las casas francesas Jean Paul Gaultier y Paco Rabanne hasta la venezolana Carolina Herrera, pasando por la griega Apivita y la sueca Byredo. Finalmente, se decantó por obsequiar a los Reyes una vela de Penhaligon’s, proveedora de la casa real británica desde los tiempos de Eduardo VII. La firma de perfumes inglesa, creada en 1870, es una de las joyas de la corona de Puig desde 2015.
“Tenemos tantas marcas que es difícil hacer un regalo. Pero en ese momento nos dimos cuenta de que necesitábamos algo que representara a todo Puig. Tenemos productos preciosos de muchas partes del mundo, pero nos faltaba algo propio, algo de aquí, del Mediterráneo”, explica Manuel Puig (Barcelona, 63 años) a El País Semanal. Así nació la idea de Colonias Absolutas Puig, una colección de aguas de colonia creadas por el maestro perfumista francés Jean-Claude Ellena que rinden homenaje a la historia del grupo catalán, a la familia fundadora y a la cultura mediterránea. Tres de ellas —Agua Brava, Agua Noble y Agua Lavanda Iris— reinterpretan creaciones históricas, mientras que la cuarta, Agua Mediterránea, es inédita.






