Entre 2026 y 2027, el guardián del euro debe renovar cuatro de los seis puestos del Comité Ejecutivo, entre ellos la presidencia, para afrontar un ciclo de grave incertidumbre

Hablar de Juego de Tronos sería recurrir a un cliché manido o, peor aún, quedarse corto. El Banco Central Europeo se dispone a renovar cuatro de los seis puestos de su Comité Ejecutivo, incluida la presidencia y vicepresidencia, y la carrera se presume más competida que nunca. En una Europa fracturada por las tensiones políticas internas y un proyecto de integración que no acaba de culminar, el BCE se erige en algo más que el guardián del euro: se ha consolidado como uno de los grandes poderes comunes, con amplias responsabilidades con el paso de los años (crisis de deuda soberana y covid mediante) y una independencia blindada por tratado. España pelea por asegurar su presencia en el núcleo duro con la duda de dar la gran batalla, la de la presidencia, o amarrar alguno de los otros puestos en danza.

“Se trata de nombramientos políticos y los Gobiernos son muy importantes. Alemania va a ir a por todas esta vez, tiene el mayor peso en el capital y tampoco ha tenido nunca la presidencia. Y lo va a negociar con Francia, si es que no lo están haciendo ya. España debería entrar ya en esas conversaciones y en esa ecuación”, afirma un alto cargo de la institución con sede en Fráncfort. “Se van a mover muchas piezas a la vez y Madrid debería cerrar algo ahora, antes de que empiece el baile”, afirma otro directivo. “Cualquier cosa que no sea estar en el consejo es un gran fracaso, no va a ser fácil: la presidencia va a estar muy cara y cunde la sensación de que le toca a algún país del Este entrar con consejero”, advierte otro banquero central.