El divulgador y mago aficionado desmonta los mitos de la Lotería de Navidad. Las cifras muestran la improbabilidad de enriquecerse a pesar de la ilusión que persiste cada diciembre

En el hogar de Fernando Blasco (Madrid, 57 años) la Lotería de Navidad nunca fue un asunto de azar o dinero, sino más bien de tradición. En sus recuerdos de infancia afloran las imágenes de la televisión encendida, las voces animadas de los niños de San Ildefonso llenando el salón, el árbol en pie mientras el espíritu festivo entraba por la puerta. Décadas más tarde, este doctor en Ciencias Matemáticas apenas compra algún décimo. A veces lo hace para sus alumnos de la Universidad Politécnica de Madrid o para algún colega, más por compartir la tradición. Porque sabe que la matemática no se equivoca y por cada euro jugado treinta céntimos se pierden.

“Si realmente pudiera saber el número de la lotería que va a salir no estaría aquí ahora”, bromea desde el otro lado del teléfono, con una pequeña risa que atraviesa la línea. No cree en la suerte, cree en los números. Para él existen probabilidades: una entre 100.000 de ganar el Gordo. El bombo no tiene memoria, insiste, no recuerda nada. No hay estrategia posible.