Trump reaviva una de las políticas exteriores más antiguas del país con la publicación de un documento que contiene las prioridades de su Administración

Ideada en 1823, la doctrina Monroe surgió como base de la política exterior de Estados Unidos con el fin de impedir que las potencias europeas estableciesen nuevas colonias en América Latina. Con el tiempo, se convirtió en un medio para justificar el intervencionismo del país norteamericano en la región, luego referida como el patio trasero de Washington. Entre los ejemplos más representativos de cómo EE UU ha ido invocando la doctrina en su propio beneficio, destacan los casos de Cuba —que se convirtió en territorio bajo influencia de Washington tras la expulsión de los españoles en la guerra de 1898— o de Chile —donde respaldó el golpe de Estado de Augusto Pinochet, en 1973—.

Más de dos siglos después de su implementación, el actual mandatario estadounidense, Donald Trump, ha vuelto a darle vida “tras años de abandono”, al incluirla en un nuevo documento —Estrategia de seguridad nacional de los Estados Unidos de América— que fija las prioridades de su administración y abre una guerra cultural e ideológica contra la Europa liberal.

La doctrina Monroe, que debe su nombre al expresidente estadounidense James Monroe (1817-1825), surgió en un momento en que EE UU buscaba asegurar su influencia en todo el continente americano con el apoyo de Gran Bretaña, potente aliada del país en el siglo XIX.