Pablo Maurette, en la novela ‘El contrabando ejemplar’, constata la interrogación permanente sobre las causas del destino infausto del país andino
Si en la inolvidable Conversación en La Catedral, de Vargas Llosa, la pregunta sobre cuándo se jodió el Perú podía contestarla la política del medio siglo anterior, en El contrabando ejemplar, de Pablo Maurette, la respuesta a cuándo se jodió la Argentina se remonta a los orígenes mismos de la nación, a la práctica durante doscientos años del contrabando de esclavos y al mito de origen de un monstruo tricéfalo nacido del cruce de una india querandí (Teruca) con un europeo (Álvaro). Pero tanto el tráfico clandestino como la teratología le sirven a Maurette no solo como motivos recurrentes en su exploración de la identidad argentina sino como principios constructivos de la obra, y esta coherencia entre asunto y técnica, junto con una prosa de alta elaboración, cruzada de tonos y acentos diversos, hacen que la novela sea el premio Herralde más certero (y literario) de los últimos años.
Al autor no le interesa formular un enésimo diagnóstico sobre el fracaso de su país, a la manera de los que hicieron Ezequiel Martínez Estrada en Radiografía de la pampa (1933) —que se cita— o Eduardo Mallea en Historia de una pasión argentina (1937), sino constatar la interrogación permanente sobre las causas de ese destino infausto.






