Un acto homenaje en la Casa-Museo en Arequipa escenifica la buena sintonía que tuvo el Nobel peruano con las dos instituciones que velan por el español en el mundo, enfrentadas durante la celebración del congreso internacional de la lengua
El animal favorito de Mario Vargas Llosa era el hipopótamo. Al Nobel de Literatura peruano le fascinaban las contradicciones de ese animal del África subsahariana, pariente lejano de las ballenas, aparentemente afable pero en realidad muy temido por su agresividad y su voracidad sexual. El hipopótamo encarnaba para Vargas Llosa las contradicciones del escritor, el fuego de la creación y la calma del pensamiento. Y quizá no haya ningún escritor que represente mejor esa metáfora que Ernest Hemingway, epítome del novelista bravucón y mujeriego, cazador y corresponsal de guerra. Los dos, el hipopótamo y Hemingway, estuvieron presentes de algún modo durante el acto de este martes en la Casa-Museo de Mario Vargas Llosa en Arequipa, su ciudad natal, donde familiares y autoridades invitadas al X Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE) le rindieron homenaje.
El acto marca además la reapertura de la casa-museo, a medio gas por obras de ampliación y mantenimiento, aprovechando el impulso decisivo que Vargas Llosa, fallecido en abril, dio en vida para que Arequipa fuera sede del CILE. También sirvió para escenificar la buena sintonía que tuvo el escritor con las dos instituciones organizadoras del congreso, la Real Academia Española (RAE) y el Instituto Cervantes. Los dos cancerberos del español en el mundo, de los que fue parte el Nobel, no atraviesan el mejor momento en su relación institucional, una tensión latente que está permeando los actos del congreso. Para la RAE, la familia de Vargas Llosa tuvo como obsequio un hipopótamo dorado, una de las decenas de figuras que coleccionaba el novelista peruano. Y para el Cervantes, la pluma de Ernest Hemingway.






