Mientras la facturación de la industria bajó el año pasado un 9%, de este juguete con fines solidarios se vendían 22.368 unidades más
La historia del muñeco Baby Pelón comenzó con una videoconsola que no se usaba en casa de Mónica Esteban. Cuando la veía, pensaba en lo bien que le vendría a algún menor que no tuviera. Ese niño fue Jorge, al que habían diagnosticado cáncer. “Cuando se la entregamos, la reacción fue espectacular. Pasó de estar apagado a feliz en cuestión de segundos. Las enfermeras y los médicos comentaban el gran cambio que había dado”. Esteban volvió a su puesto como directora creativa en una agencia de publicidad y una idea no se le iba de la cabeza. La de gente que habría con este tipo de aparatos sin usar. Mandó un correo a sus compañeros de oficina ofreciendo un café y un bollo por cada videoconsola. Cuando empezaron a llegar, se reunió con varias personas de su departamento y decidieron crear una asociación que hiciera llegar estos juguetes a los hospitales, para tratar de mejorar el día a día de los pequeños enfermos. Fueron los primeros pasos de la Fundación Juegaterapia, de la que Esteban es fundadora y presidenta.
Quince años después, la entidad ha desarrollado 84 proyectos de humanización en hospitales españoles y 27 internacionales, con una inversión global que supera los 12 millones de euros. Estas intervenciones han conseguido que los pasillos y habitaciones, muchas veces inhóspitos, se hayan convertido en lugares llenos de colorido donde los niños se sientan más a gusto. La primera la llevaron a cabo en el Hospital de la Paz, en Madrid, al convertir lo que era una azotea vacía en un jardín con setas gigantes por el que los pequeños hospitalizados podían pasear y jugar.









