El ritmo es de vértigo. Aún no nos habíamos hecho del todo con los Sonny Angels cuando fueron arrasados por los Labubu, unos elfos peludos de nueve dientes —tener más o menos es la señal definitiva de que es un fake de los que circulan en Amazon—, revela Cynthia Pavón (24 años), coleccionista residente en Miami. Ella compra los suyos en una tienda física porque que le cuelen un Labubu fake —lafufus, los llama— es “una humillación”. Para asegurarse de la autenticidad muchos encargan los suyos directamente a la web de Pop Mart, la compañía china que los creó en 2015 y que los vende a partir de 12 euros (aunque algunos se revenden por varios centenares). Pero entonces tienen que esperar el envío y temen que cuando los reciban ya estén out y haya otro artefacto cuqui al que perseguir por tierra, mar y aire.
“Podría pasar” —dice Pavón en conversación por Instagram—. “Hay demasiados Labubu, pronto dejarán de ser un símbolo de estatus”. Se barrunta que podrían ser desplazados por las Crybaby, también de Pop Mart, unas muñecas de ojos grandes con lagrimones que han iniciado una ruta de éxito muy similar, incluido el avistamiento de Lisa, de la banda Blackpink y estrella de The White Lotus, con la Crybaby Cherry colgada de su bolso de Louis Vuitton. La insistencia de la compañía china por asociarse a la casa francesa de lujo es la inspiración de un foro muy popular en Reddit: “Mi Labubu original en mi Vuitton fake”.








