La desindustrialización que sufre el coloso del Viejo Continente lleva a Bruselas a enmendar su ambicioso objetivo de 2035. Volkswagen, BMW y Mercedes, los que más han presionado
La Unión Europea ha sucumbido ante el pánico alemán a una desindustrialización masiva. El anuncio de este martes de Bruselas, que rebaja las exigencias en los objetivos de emisiones para el automóvil en 2035, deja pocos perdedores, pero un claro grupo de ganadores: los fabricantes de coches germanos y las petroleras que apuestan por ...
los e-fuels y los biocombustibles. Volkswagen, BMW y Mercedes-Benz —esta última ostenta la presidencia de ACEA, la patronal europea de automovilísticas, que ha negociado con Bruselas esta flexibilización— han hecho una intensa campaña de lobby para lograr que la UE rebaje sustancialmente unas metas de emisiones que habían sido aprobadas de forma definitiva hace apenas dos años.
A los tres gigantes teutones del motor les ha bastado con hacer un repaso a los titulares de los grandes periódicos europeos en los últimos dos años para torcer el brazo de Bruselas: en ese tiempo, se ha sucedido una durísima negociación entre Volkswagen y el sindicato IG Metall, que se saldó con un acuerdo en las últimas Navidades para recortar la plantilla del grupo en Alemania en 35.000 personas hasta 2030; Ford ha cerrado su planta alemana de Saarlouis y ha reducido sensiblemente su número de trabajadores de Colonia y Almussafes (Valencia); gigantes del sector de componentes como Bosch y ZF, ambas alemanas, han anunciado miles de despidos; y el sector en su conjunto ha sufrido una drástica reducción de sus ganancias en 2025.
















