Los azulgrana, faltos de contundencia y velocidad de balón, solamente pudieron abatir a un competitivo Guadalajara en los minutos finales, cuando habían recurrido incluso a titulares como Pedri

Un gol afortunado de Christensen, un exquisito central, discontinuo por sus lesiones y débil de carácter, un suplente que acostumbra a completar la lista de convocados, sacó al Barcelona de un apuro mayúsculo en Guadalajara. El segundo tanto barcelonista, marcado por Rashford ya al límite del tiempo reglamentario, certificó la victoria del campeón ante un rival que se batió estupendamente, admirable no solo por su despliegue físico, sino también por su excelente competitividad, sostenido por el ánimo de una afición que desbordó el Pedro Escartín.

El inicio del partido se retrasó media hora por “cuestiones organizativas y de seguridad” después de que las gradas ­supletorias dispuestas por el club para responder a la expectación generada por el partido fueran precintadas porque todavía no habían sido homologadas por el Ayuntamiento. Los afectados eran unos 2.500 espectadores en un estadio cuya capacidad ­habitual es de 6.000. El conflicto se solucionó con el paso del tiempo y el campo fue un tambor para el coraje del Guadalajara.