Los azulgrana remontaron un partido indigesto y se acercan a los ocho primeros clasificados

Jules Koundé, una calamidad como lateral, arregló con dos cabezazos de delantero centro un partido que se indigestó al Barcelona. Acostumbra a ocurrir cuando la victoria se da por descontada como sucedió anoche en el Camp Nou. El equipo azulgrana se confió, la afición se desenchufó y el Eintracht se creció tanto con el paso del tiempo que incluso se puso por delante en el marcador con un gol de un demonio llamado Knauff. No faltó el tanto en contra de rigor para empezar el encuentro ni tampoco el remonte de costumbre sellado por la seguridad que transmite Joan García. Apenas hubo tiempo para la diversión en el estreno de la Champions en el nuevo Camp Nou. Apremiado por la clasificación, el margen de error barcelonista es mínimo y la victoria por tanto fue especialmente celebrada en un momento de bonanza después de alcanzar el liderato de la Liga.

Nadie prestó demasiada atención al equipo titular dispuesto por Flick una vez que la afición ya se ha acostumbrado a que Gerard Martín sea el central zurdo y Eric García ocupe la demarcación de mediocentro por delante de De Jong, Casadó y Marc Bernal. Tampoco extrañó que Lamine Yamal, investido mediapunta en La Cartuja, regresara al extremo derecho después de la recuperación de Raphinha y Fermín. La noticia era que el Barcelona formaba con la delantera titular de la pasada temporada el día en que se cruzaban apuestas sobre los goles que le marcaría al Eitrancht, un equipo tan vulnerable que ya cargaba con 29 tantos en 13 partidos de la Bundesliga y 14 en cinco de la Champions. Muchos números y demasiada cháchara porque al descanso el marcador del Camp Nou era de 0-1.