Entrenó con algunas de las mejores jugadoras españolas. Se hizo amiga de Paula Badosa y Sara Sorribes. Fue promesa adolescente de la WTA. Hasta que su sueño se convirtió en pesadilla y abandonó. Ahora, la gallega hace terapia con ‘Los que no llegaron’, una autobiografía que reivindica la historia más común de los deportistas de alta competición
A mediados de noviembre, Sara Sorribes volvía a coger la raqueta. Tras siete meses largos
sde-hace-meses-he-perdido-la-ilusion.html" data-link-track-dtm="">retirada de las pistas por razones de salud mental, la tenista castellonense, de 29 años, regresaba a la competición y lo hacía, según declaraba en una carta abierta, “por puro placer”. Más o menos por las mismas fechas, piruetas del destino, su otrora compañera de entrenamientos y amiga Nadja Mihalic protagonizaba su propia y sonada vuelta al tenis, aunque ya no a esos torneos en los que una vez se dejó la piel y, casi, la cabeza. El suyo ha sido un regreso testimonial, en absoluto placentero: el que narra en Los que no llegaron, autobiografía editada vía Amazon con la que la exjugadora profesional de la WTA (Women’s Tennis Association, la Asociación de Tenis Femenino) se ha sometido a una sanadora terapia de choque emocional.






