Los dirigentes responden con prudencia a la nueva Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense, mientras la ultraderecha celebra

Evitar hablar del conflicto en un intento de apaciguamiento; negarlo; apelar a la historia compartida, o asumirlo y seguir adelante. Las respuestas de los líderes europeos a la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de la Administración de Donald Trump, publicada el viernes pasado, recuerdan a algunas fases del duelo tras un divorcio doloroso que no sorprende, pero que aún no se acepta. Quienes observan casi más desde fuera que desde dentro de la UE, como el ultraconservador hún...

garo Viktor Orbán, se regodean, sin embargo, en la ruptura.

El golpe de EE UU a Europa, cuya civilización ve en declive, oficializa un giro radical en las relaciones trasatlánticas. Estados Unidos, un socio estratégico clave para la arquitectura de seguridad de los europeos desde la Segunda Guerra Mundial, no solo ya no ve al Viejo Continente como una prioridad, justo cuando más amenazada se siente por Moscú. Va más allá, al proponerse “cultivar la resistencia a la trayectoria actual de Europa” desde dentro, alentando y promoviendo a los partidos y movimientos de extrema derecha, con los que comparte misión y valores.