La singularidad del cava rosado, con su refinado cromatismo, logrado equilibrio y sutil elegancia aromática, lo convierte en el espumoso natural más atractivo para estas fechas

Los espumosos rosados elaborados mediante el método champenoise o tradicional, han experimentado un notable crecimiento en los últimos años, impulsados por la alta calidad y prestigio de los elaborados por las grandes marcas francesas. Así, lo que antaño se consideraba una bebida mediocre, asociada a los mercados poco exigentes, se ha convertido hoy en un símbolo de sofisticación y calidad. Todo empezó cuando en Francia, el país que marca los gustos y tendencias, donde nació esta peculiar bebida espumosa natural que, según la leyenda, hizo exclamar a Dom Pérignon (1638-1715), abad de Hautvillers “¡Venid rápido, hermanos! ¡Estoy bebiendo estrellas!”, casas tan emblemáticas como Louis Roederer Cristal, Dom Pérignon y Bollinger decidieron apostar por la elaboración de sus propios rosé. Una revolución, porque los espumosos rosados eran vistos como productos de menor categoría, destinados a satisfacer la demanda turística de la Costa Azul o el menos exigente mercado estadounidense. Este giro estratégico no solo elevó su prestigio, también impulsó una demanda global de espumosos rosados de alta gama.