La dependencia de la energía rusa, la seguridad de EE UU y el mercado chino, el apoyo a Israel o el austericidio en la UE han sido graves errores de Berlín. Ello no borra sus aciertos y que es el centro de la esperanza de resistencia europea

Europa se ve zarandeada por la guerra militar que libra Rusia, la político-cultural-comercial que despliega EE UU y la manufacturera de China. Los países europeos y la UE sufren terriblemente para articular una respuesta eficaz. En este contexto, es fundamental concentrar la mirada sobre el principal actor del continente: Alemania.

La historia ha emitido una cruda sentencia condenatoria sobre grandes decisiones alemanas de las últimas décadas. El catálogo es nutrido y notorio. Se entregó a la dependencia energética de Rusia, que alimentaba a bajo coste su economía —pero al precio de inflar las arcas del Kremlin, que preparaba con ellas un asalto—; apostó por una miope relación comercial con China que dio beneficios a corto plazo sin las cautelas para evitar un estrangulamiento en el medio; se entregó a la protección de seguridad de EE UU, descuidando sus Fuerzas Armadas y su industria de defensa. Todo lo anterior fue un gigantesco error que reforzó desgraciadas dependencias.