Los huelguistas exigen mejoras en sus condiciones laborales, con aumentos de salario y el fin de la temporalidad
Los bomberos forestales de la Comunidad de Madrid han vuelto a las calles en el marco de una huelga que inició el 15 de julio y que esta semana alcanza 150 días consecutivos. Lo han hecho este jueves con una manifestación frente a la sede de
gsa-que-previene-y-extingue-incendios-forestales.html" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/economia/2025-08-20/el-gobierno-sube-un-25-el-salario-al-personal-de-tragsa-que-previene-y-extingue-incendios-forestales.html" data-link-track-dtm="">Tragsa, la empresa pública que ejecuta proyectos de desarrollo rural, conservación del medio ambiente y actuaciones de emergencia en el medio rural. “Bomberos forestales, derechos laborales” y “Dignidad laboral al bombero forestal” han sido los gritos con los que cerca de 70 bomberos forestales exigieron a Tragsa la negociación de un nuevo convenio colectivo. Entre sus exigencias también está poner fin a la temporalidad y establecer medidas eficaces de protección frente a agentes cancerígenos.
A las 11.45, los bomberos forestales han irrumpido frente al número 58 de la calle Maldonado para iniciar la manifestación. “Tragsa, escucha, estamos en la lucha”, fue el primer grito que hicieron los cerca de 70 bomberos que participaron en la protesta que ha durado una hora. Vestidos con sus uniformes, los profesionales se han unido en una exigencia común: la mejora de sus condiciones laborales. Un reclamo que llevan haciendo desde hace cinco meses, cuando comenzaron una huelga indefinida. El bombero Julio Chana, delegado de CGT y secretario del comité de empresa, advierte de que la plantilla “no puede más”: “Llevamos cuatro años con esta empresa la cual no se sienta a negociar con nosotros”. Los bomberos alegan que Tragsa “no quiere sentarse a negociar” sus condiciones para definir un nuevo convenio colectivo ―caducado desde 2012― y hacer ajustes que incluyan mejoras salariales, continuidad laboral y el fin de la precariedad a la que, según denuncian, están sometidos. “Cobramos 1.300 euros al mes y es lo que nos lleva a seguir diciéndoles que aquí están los bomberos forestales, que son los que se juegan la vida y que necesitan un salario digno”.






