Los múltiples incendios que arrasan Castilla y León, particularmente Zamora y León, están desafiando a los bomberos de la Junta, que lamentan las pésimas condiciones laborales y profesionales en las que tienen que ejercer. EL PAÍS ha estado en contacto con decenas de ellos desde que comenzaron los fuegos a finales de la semana pasada y los testimonios apuntan a varias claves compartidas: descoordinación, pocos efectivos autonómicos ante los diversos focos, escaseces de avituallamiento y la habitual indignación sobre sus sueldos y reconocimientos. Uno de ellos, que pide anonimato por temor a represalias de la consejería de Medio Ambiente, habla de esta precariedad.
El bombero forestal, aunque su convenio lo define como “peón forestal”, lamenta que a la ya complicada situación en las llamas de Zamora o León se une que a varias brigadas no les dejaron actuar. Una de estas, la de la zamorana Villardeciervos, veía y olía el humo desde su base, pero no pudieron trabajar porque sus superiores no los movilizaron: “Estábamos en la base a las seis de la tarde deseando que nos mandaran al incendio porque se está quemando nuestra tierra, pero nos quedamos hasta las 22 y nos mandaron a casa, podíamos haber ayudado a los compañeros”. Ellos decidieron vestirse con sus monos, arrancar sus coches en plena noche y pusieron rumbo al frente.










