El artista sedujo al Palau de la Música de Barcelona con su espectáculo ‘Guitarra coral’, un emocional juego de contrastes
La nieve ya baja por la ladera como un alud, y cada vez que Yerai Cortés aparece en un escenario los aplausos brotan porque sí, porque es él, porque el público se lo ha hecho suyo como el invierno al frío. Hace un año llenó el Paral·lel 62 y ahora, dentro del ciclo De Ca...
jón del Festival de Jazz, llenó el Palau de la Música en su primera comparecencia allí. Público entregado en clave pop, dispuesto a aplaudir su mera presencia, su mirada o su sonrisa, pues la popularidad del alicantino va más allá del ámbito flamenco y del rigor de la peña. Pero Yerai dio mucho más que cuatro poses y volvió a redondear un magnífico recital bajo el manto de Guitarra Coral, un espectáculo parco pero hermoso, musical hasta en sus silencios y pausas y estéticamente plástico bajo el dominio monocromo de la luz blanca.
En escena seis mujeres y él. Una estampa casi estática sólo alterada por la luz que cambiaba de ángulo. El blanco dominante, sólo moteado por el atavío negro de Yerai. Él central, más estático que hace un año, en el que iba cambiando de posición con más frecuencia, abandonando el centro para interpolarse en un cuadro de configuración variable. Suelto, alegre y feliz, de sonrisa fácil y dedos ágiles aunque nunca tocando más de lo necesario, con escasa propensión a la verborrea musical. Tiene técnica Yerai, pero no busca asombrar con cascadas de notas, sino con el tiempo que cada palo requiere, como ese comienzo romántico, casi recortando el suspiro de Maikel Nai, esa malagueña en la que su padre acaba contando en off cómo un Guardia Civil viejo y experto encontró en su casa un alijo que un perro policía fue incapaz de localizar. Y cuando no era la guitarra eran las voces de sus seis cantaoras y palmeras que protagonizaban el dolor, el anhelo y los sentimientos de Lo malo que he sido contigo, pespunteado, como muchos temas, por leves sonidos incidentales y reverberaciones y el protagonismo de la luz fijando la escena. Con pocos elementos un espectáculo también para los ojos.






