Los museos son escenarios perfectos para hacerse selfis y eso cambia la experiencia de mirar el arte
De todas las maneras que hay de visitar un museo, una llama especialmente la atención: esa que tienen algunos de mirar una obra de arte solo a través de la pantalla del móvil. Y cada vez resulta más habitual. Uno suele toparse con una nube de brazos con teléfonos en alto que buscan hacerse selfis o fotografiar lo que tienen delante, y así la experiencia de ir a contemplar el arte cambia: ahora es difícil pararse frent...
e a una obra sin que se le plante alguien delante para inmortalizarse junto a esta pintura o aquella escultura. Cosa que solo sucede, claro, en los museos que permiten hacer fotos.
El Louvre deja que sus visitantes hagan fotografías (sin flash, eso sí). Cada año cruzan sus puertas unos ocho millones de personas. De ellas, y lo presencié hace unas semanas, cientos pasean por sus salas sin mirar directamente el arte: se topan con la imponente Victoria de Samotracia, clic; entran en la sala en la que se muestra La libertad guiando al pueblo y La balsa de la medusa, clic, clic. Al llegar a la abarrotada sala de La Gioconda, la competición por la mejor foto es total. No resulta fácil ver el cuadro por la cantidad de gente que hay y los incontables móviles que buscan, clic, clic, fotografiar el cuadro. Otros tantos, cuando consiguen acercarse, en lugar de pararse unos segundos a admirar la obra de Leonardo da Vinci, se giran, posan, clic. Selfi, y a la siguiente sala.






