El documental ‘Ellas en la ciudad’ recuerda la importancia de escuchar a las personas que van a usar un espacio público antes de imponer su diseño

Cuando conspicuos urbanistas, arquitectos, políticos y demás compadres diseñaron y ejecutaron en los años setenta del siglo pasado las periferias de algunas ciudades bajo el paraguas del desarrollismo franquista (Sevilla, en el caso que nos ocupa), no tuvieron en cuenta nada de lo que realmente importa en estos casos. Parece que asuntos como la habitabilidad de las viviendas y los barrios que planificaban no tuvieran nada que ver con las vidas de las personas que iban a establecerse en ellos. Eran cu...

estiones de carácter menor, insignificantes, frente a la brillantez de sus proyectos. Lo importante eran los números, los miles de viviendas falocráticas e inhumanas, situadas en espacios impracticables, sin los mínimos servicios para facilitar una vida digna. Edificios de cinco plantas sin ascensor, sin agua potable. Barrios sin transporte público, calles sin asfaltar, sin sombras en esa Sevilla de fuego en verano. Sin escuelas, sin centros de salud, sin tiendas de comestibles cercanas, sin farmacias, sin bares. Estos bloques fueron jaleados, publicitados y vendidos como un trofeo, un logro. Nadie se acercó a comprobar cómo vivía día a día la gente que con inocente ilusión estrenaba lo que pensaba sería un hogar confortable. El inicio de una vida, por fin, vivible.