A uno se le puede escurrir un entrevistado entre los dedos si está en un directo, el que lo probó lo sabe. Pero cuando una entrevista se emite en diferido, las herramientas para puntualizar, corregir, matizar son variadísimas
Yo quería dedicar esta columna a la primera temporada recién terminada de esa chaladura descacharrante llamada La empresa de sillas. O al
evision/2025-11-29/del-abrazo-imaginario-de-lorca-y-munoz-seca-a-la-gripe-espanola-asi-continua-ena-serie-revelacion-de-la-1.html" data-link-track-dtm="">estreno de Ena y el estropicio que le ha hecho RTVE con el doblaje. Yo quería, en definitiva, escribir de ficción. No me canso nunca de citar a Gloria Muñoz en La flor de mi secreto: “La realidad debería estar prohibida”. Pero a veces pide paso.
No quiero esgrimir aquello de que periodismo no es contar que uno dice que llueve y otro dice que no, que es abrir la ventana y comprobarlo, primero porque ya es un lugar común de primera categoría, o sea, de última. Segundo, porque no tengo claro que todas las entregas de Salvados pretendan hacer periodismo estricto. Y tercero, porque me parece un símil de mal gusto, dado que vengo a escribir sobre la entrevista que le realizó Gonzo a Salomé Pradas, emitida el pasado domingo, alrededor de todo lo que ocurrió en la gestión inmediata de la dana. No quería, pero como han comprobado, no he podido evitarlo.






