El Cabildo ha invertido 1,2 millones de euros en tres portones escultóricos de bronce criticados por desentonar con el conjunto
El 800 aniversario de la catedral de Burgos, en 2021, acarreó un debate que cumple casi un lustro y apunta a eternizarse. El Arzobispado burgalés anunció entonces que le había encomendado al artista Antonio López el diseño de unas nuevas puertas para el templo, con un coste de 1,2 millones. El contrato implica tres portones escultóricos de bronce con los rostros de Dios, la Virgen María y Jesucristo, en relevo de los actuales accesos, de sobria madera de olmo, operativos desde hace más de 200 años. La polémica, entre críticas de colectivos patrimonialistas y entidades culturales, ha desembocado en una medida singular: la exposición desde este sábado de las tres piezas dentro de la catedral antes de su instalación para que sean evaluadas tanto por las autoridades civiles y eclesiásticas como por los ciudadanos. El Cabildo elaborará, además, un estudio de impacto patrimonial para dictaminar cómo proceder.
Las autoridades eclesiásticas argumentaron la decisión de instalar unas nuevas puertas con varios criterios: desde lo estrictamente patrimonial a lo económico. El Arzobispado esgrimió el “escaso valor artístico” de las actuales puertas, que en 1790 sustituyeron a las originales, de estilo gótico. Entonces costaron 3.918 reales y 25 maravedíes, una inversión mucho menor, para la época, respecto a la del proyecto vigente, financiado en un 87% por el Cabildo y en un 13% gracias a la aportación de unos 50 empresarios privados. Cuando se retiraran, afirmaron, se conservarían en otra parte de la amplia iglesia. La autoridad eclesiástica aludió a un “retorno económico muy importante” para la ciudad porque muchos visitantes podrían querer contemplar la obra del reconocido Antonio López, además gratuitamente, desde la plaza de Santa María, homónima de la catedral.






