Las mujeres tienen cada vez una mayor independencia, lo que las ayuda a redefinir las relaciones para que sean más sinceras e igualitarias
Mi abuela siempre decía que le gustaría volver a ser joven, pero con una condición. “Joven sí, pero sabiendo lo que sé ahora”. Esa máxima, que después haría suya mi madre, quería decir que las mujeres de mi familia harían las cosas de otro modo si pudieran volver atrás. Que habían sido engañadas en un aspecto fundamental de su vida y que, por lo visto, este engaño era hereditario. Yo supe desde muy niña lo que habían aprendido sin que me lo dijeran porque el conocimiento también se hereda. Lo que sabían es que, si tuvieran otra oportunidad, antepondrían su independencia económica y la construcción de su identidad a la estafa del amor romántico. Así que cuando me encontré con
/www.economist.com/leaders/2025/11/06/the-rise-of-singlehood-is-reshaping-the-world" target="_self" rel="" title="https://www.economist.com/leaders/2025/11/06/the-rise-of-singlehood-is-reshaping-the-world" data-link-track-dtm="">la portada de The Economist hablando de la recesión del amor, pensé, mira, abuela, cuántas jóvenes saben hoy lo mismo que tú.
Lo llaman recesión del amor, pero en realidad se refieren solo al progreso radical de las mujeres. Detrás de esta “recesión”, de la que leo cada vez más artículos y opiniones, se esconden factores como una mayor educación de las mujeres, una mayor independencia económica y acceso al mercado de trabajo y al poder, una redefinición de las relaciones (más sinceras, igualitarias y sostenibles), una necesaria defensa del amor propio (no necesitar unirse a otra persona para sentirnos completas) y un aumento sin precedentes de la soltería y de las mujeres que eligen vivir solas sin ser estigmatizadas por ello. En definitiva, no estamos ante una recesión, sino ante la feliz revolución de unos vínculos amorosos en general y del matrimonio en particular.






