Hasta hace no mucho, poner los cuernos era tener intimidad física con otra persona. Ya no. Hoy el móvil permite un tipo de intimidad inaudita con otros y también es una ventana a mil contenidos explícitos. ¿Cómo se compagina eso con tener pareja?

El comentadísimo, musicalizado y monetarizado divorcio de Lily Allen no solo ha dejado tras de sí un aplaudido álbum y el regreso de las revanchas acompañadas por notas musicales, sino la confirmación de que en la actualidad, la infidelidad tiene diferentes caras y significados. Las redes sociales, las aplicaciones de mensajería y las aplicaciones de citas han abierto un universo paralelo para los deslices virtuales que, para algunos, son más dañinas que las físicas. Manuel Jabois habló de eso en una columna llamada Hay más cuernos en un buenas noches, que escribió después de un amigo le contase que llevaba meses hablando con una mujer mediante mensajes cada día. “Pero no nos acostamos, eso no. Yo respeto a mi novia”, puntualizó el amigo en cuestión.

¿En qué otras cosas puede haber cuernos? Cuando las vías para el contacto con otras personas son infinitas y privadas y tenemos acceso directo a infinidad de fotografías vídeos ajenos, ya sean de conocidos o desconocidos, ya sean de contenido normal, sugerente o explícito, ¿cómo encaja ese totum revolutum en el concepto de fidelidad en el año 2025?