El resguardo de un hotel, el perfume o una mancha de pintalabios en el cuello de la camisa eran antes las pruebas más habituales de una infidelidad, material dramático excepcional para la novela rosa, una película de detectives o una copla de desamor con un giro inesperado. Pero en la actualidad la tecnología es el peor enemigo de los infieles. La kiss cam que ha sacado a la luz en pleno concierto de Coldplay la aventura entre Andy Byron, CEO de Astronomer, y Kristin Cabot, directora de recursos humanos de la empresa, es una buena prueba de ello. Pese a que como señala el periodista Sergio del Molino algo así no habría ocurrido en España, “donde rige una legislación muy restrictiva en materia de derecho a la propia imagen”, la tecnología, que en teoría está destinada a facilitar la vida, en ocasiones se la dificulta a la gente... que decide ser infiel.

Aunque, eso sí, antes de arruinarle la vida, le facilita la cana al aire. “El 76% de los usuarios de la aplicación de relaciones extramatrimoniales Ashley Madison asegura haber iniciado una infidelidad gracias a la tecnología, principalmente de la mano de redes sociales y WhatsApp”, explica a ICON Lara Ferreiro, psicóloga y experta en terapia de parejas. “Actualmente, el 61% de las infidelidades se descubren por errores tecnológicos: notificaciones, el historial del ordenador, haber dejado apps abiertas… Por eso, el 80% de los infieles de la aplicación reconocen que usan aplicaciones como Telegram y Snapchat para tener conversaciones más seguras. Pero hay que tener en cuenta que el 24% de las parejas comparten la geolocalización”, comenta.