Los padres deberían preguntarse para qué necesita su hijo un dispositivo y si el que van a comprar cubre esas necesidades o las sobrepasa
Paula Martos le compró a su hijo Jorge, cuando este tenía 11 años y con la vista puesta en su paso al instituto, un reloj que permite hacer y recibir llamadas y mensajes a unos números de teléfono predeterminados. “No queríamos que tuviera acceso a un móvil, pero necesitábamos alguna fórmula para poder contactar con él dado que en casa no tenemos teléfono fijo y él empieza a hacer cosas que antes no hacía, como
m/mamas-papas/actualidad/2023-09-26/cuando-esta-preparado-un-nino-para-ir-solo-al-colegio.html" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/mamas-papas/actualidad/2023-09-26/cuando-esta-preparado-un-nino-para-ir-solo-al-colegio.html" data-link-track-dtm="">ir y volver del instituto solo o encargarse a veces de su hermana después de la salida del colegio”, explica. Ya en primero de la ESO, Jorge es uno de los pocos niños de su clase que no tiene smartphone, lo que, de momento, no le supone una gran problemática. “Él, por suerte, nunca ha tenido mucho interés por este tipo de tecnología, de momento no es algo que le pese o que pida, así que nuestra idea sería retrasar lo máximo posible el teléfono móvil”, añade Paula. Carla también es de las pocas de su clase de primero de la ESO sin smartphone. Y es que este curso es la frontera que marca en gran medida la llegada del primer móvil. Según los datos del informe Infancia, Adolescencia y Bienestar Digital, presentado este mes de noviembre por el Ministerio para la Transformación Digital, en 5º y 6º de Primaria un 51,6% de los alumnos tiene móvil, un porcentaje que se dispara hasta el 82,8% en primero de la ESO.






