En alerta, el chavismo intensifica la vigilancia y las detenciones en un clima marcado por la presión de Estados Unidos

En Caracas la gente habla bajito. Las conversaciones sobre política se murmuran, como si las paredes escucharan. Los mensajes de WhatsApp se borran al terminar de leerlos y se ha normalizado la autodestrucción automática de los chats. En los grupos familiares, donde antes abundaban todo tipo de conversaciones, ahora solo se comparten recetas, fotos de niños o emojis neutros. Nadie envía audios o comentarios que puedan ser utilizados como prueba en procesos penales que apunten a cualquier oposición al chavismo. El temor a la delación lo atraviesa todo....

La cautela lleva años siendo parte de la vida de los venezolanos, pero ha evolucionado hacia un estado de temor permanente. El mismo que vive el propio presidente, Nicolás Maduro, ante la estrategia de presión de Donald Trump, que mantiene un contingente militar de más de 15.000 soldados en las aguas del Caribe. Según escala la tensión hacia afuera, crece hacia adentro. Mientras el chavismo denuncia conspiraciones y convoca a la “unidad nacional” frente a la intervención de Estados Unidos, se multiplican las detenciones de opositores, dirigentes locales y ciudadanos acusados de conspiración o traición a la patria. Las organizaciones de derechos humanos contabilizan más de 800 presos políticos y alertan de que octubre marcó un nuevo pico: más de uno por día.