El ministro socialista se enfrentó al terrorismo de ETA y además ayudó a construir el Estado de bienestar en España

El viernes pasado hizo un cuarto de siglo desde que ETA asesinó a Ernest Lluch en el garaje de su casa barcelonesa. Es bueno no olvidar lo que cada uno ha hecho para la mejora de la vida de sus semejantes. Lluch, socialista catalán, ministro de Sanidad y Consumo en

ionar-las-contradicciones.html" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/espana/2022-10-28/tras-el-telon-del-primer-gobierno-de-felipe-gonzalez-hubo-que-gestionar-las-contradicciones.html" data-link-track-dtm="">el primer Gobierno de Felipe González (1982-1986), fue el factótum de algo tan importante como que los ciudadanos españoles tengamos derecho a una sanidad pública y universal que, durante muchos años, antes de que comenzasen los intentos de privatizarla y debilitarla, fue la auténtica joya de la corona.

En este aspecto, la figura de Lluch recuerda la figura de Aneurin Bevan, el ministro de Salud del Gobierno británico de Clement Attlee, que creó el Sistema Nacional de Salud británico inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial. Al contrario que Bevan, que provenía de una familia obrera, que había trabajado en las minas de carbón y fue dirigente sindical antes de entrar en el Gobierno que sustituyó a Winston Churchill al acabar la contienda, Lluch era economista, catedrático de Historia de las Doctrinas Económicas y provenía del Partido de los Socialistas de Cataluña (PSC). En 1948, Bevan presentó un servicio de salud basado en tres principios: atención gratuita, financiación a través de impuestos y universalidad. El Estado de bienestar había dado un gran salto adelante.