Con el expresidente catalán se sienta en el banquillo una forma de ejercer el poder que definió dos décadas de gobierno en Cataluña

Este lunes comienza en la Audiencia Nacional el juicio a Jordi Pujol, el que fuera el político catalán más influyente de la segunda mitad del siglo XX, y sobre el que pesa una petición de pena de nueve años de prisión por delitos vinculados con la corrupción. El juicio también alcanza a sus siete hijos como presuntos miembros de una trama que, según el juez J...

osé de la Mata, responsable de la investigación, “se aprovechó de su posición privilegiada de ascendencia en la vida política, social y económica catalana durante decenios para acumular un patrimonio desmedido, directamente relacionado con percepciones económicas derivadas de actividades corruptas”. El propio Pujol confesó públicamente en 2014 que su familia mantuvo durante décadas una fortuna oculta a Hacienda en Andorra; pero sostiene que esta procede de un “legado” que su padre, Florenci, dejó en el extranjero, una tesis que rechaza la Fiscalía Anticorrupción.

Más allá de las elevadas posibilidades de que Jordi Pujol, de 95 años, acabe siendo excluido de la causa por su debilitado estado de salud, como sugieren los médicos, el juicio supone un verdadero examen a toda una época en Cataluña, la de las primeras décadas de democracia, marcada por los 23 años consecutivos (1980-2003) de gobiernos presididos del fundador de Convergència Democràtica de Catalunya sobre los que pesaron abundantes acusaciones de clientelismo vinculados a la familia del patriarca nacionalista. Buena muestra de ello es que, además del expresident Jordi Pujol y sus siete hijos, otras 11 personas, muchos de ellos empresarios, se sentarán también en el banquillo de los acusados.