La cocina vienesa es como la propia historia de la capital de Austria: una confluencia de culturas que transita entre el sabor solemne de los Habsburgo y las recetas de los artistas emergentes
Forman parte del paisaje urbano de Viena como elemento icónico de su cultura. Pero, al mismo tiempo, ejercen de catalizador democrático con el que las personas de diferentes orígenes se encuentran, mezclan y socializan. Los quioscos de salchichas de la capital austriaca, agazapados bajo suntuosos edificios, reúnen a estudiantes y ejecutivos, a deportistas y noctámbulos, a...
directores de orquesta que culminan su función y trabajadores de la limpieza que arrancan su jornada. Como pura expresión del street food, la suya es una gastronomía que todo el mundo puede permitirse.
Hace apenas un año que estos puestos llamados würstelstand fueron reconocidos por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial, un título que viene a reforzar que es en la calle donde reside el auténtico sabor de esta ciudad. Estos rápidos tentempiés, que nacieron de manera ambulante después de la I Guerra Mundial y se convirtieron en puntos de venta fijos en la década de los sesenta del pasado siglo, constituyen el bocado más socorrido. Y aunque en ninguno falta la invención autóctona de la käsekrainer (típica salchicha con queso), cada uno de ellos se diferencia de alguna manera del resto.






