La capital del Tirol es sinónimo de vistas panorámicas, paseos por las alturas y esquí. También es cultura, con reclamos como el Museo Tirol Panorama o los Mundos de Cristal de Swarovski

Bienvenidos a la ciudad con la mejor agua del grifo del mundo: viene directa de los Alpes y, por el camino, se va filtrando y va absorbiendo minerales que la hacen de lo más saludable. Hablamos de Innsbruck, un valle resguardado por las cumbres alpinas, que aparecen imponentes ante nosotros nada más salir de la estación de tren de la ciudad austriaca. A ella se llega fácilm...

ente desde Viena o Zúrich, contemplando por la ventanilla los paisajes montañosos, con sus lagos y sus casitas dispersas por las praderas. Y durante la temporada de esquí, también se puede volar directamente desde Madrid con Iberia.

Innsbruck es la capital del Tirol, antiguo condado del Sacro Imperio Romano Germánico que acabó convirtiéndose en una zona de paso y negociación entre Austria, Baviera e Italia. Su historia se ha escrito entre montañas y fronteras cambiantes, y esa condición explica buena parte de su carácter. Es una ciudad que funciona bien en cualquier época del año. En invierno, los Alpes se cubren de nieve, el esquí marca el ritmo —incluso hasta principios del mes de abril— y los siete mercadillos navideños introducen distintas maneras de entender la tradición: desde el más tradicional del casco histórico (Altstadt) hasta propuestas más contemporáneas como la de Maria-Theresien-Strasse. El resto del año, la ciudad mantiene una vida cotidiana atractiva, con su concurrido mercado de alimentación (Markthalle) junto al río Inn, fachadas barrocas bien conservadas, balcones floridos y restaurantes como Ottoburg, ubicado en una torre medieval y donde se sirven platos locales como el gröstl —una sartenada de cerdo, patata y huevo— y otras delicias reconfortantes de la región.