Quizás, antes de dar posibles respuestas a la nostalgia de los jóvenes por un franquismo que no conocieron, deberíamos formular más preguntas
Estábamos yendo a visitar a una pareja de amigos que acababan de ser padres. Se habían ido a vivir a un pueblecito de las Merindades (Burgos) y justo antes de llegar vi el cartel: Valdenoceda. Había oído ese nombre mil veces. Paramos y nos colamos en el penal en el que estuvo preso mi bisabuelo, militante comunista, antes de escapar y exiliarse a Francia. Me impactó mucho lo pequeño que era; después leí que el franquismo ni siquiera se había preocupado por habilitar esa antigua fábrica como cárcel,
"">que fue una de las más terribles de la época precisamente por el hacinamiento. En cinco años pasaron por allí más de 5.800 presos.
Las celdas eran tan pocas que hice fotos a todas ellas. Después se las enseñé a mi abuelo, porque el musgo que crecía en el suelo y las vigas cayéndose eran el triunfo, años después, de su padre, que solo pudo volver a España muerto. Fue en quien primero pensé tras conocer el dato del CIS que más ha dado que hablar en la última semana: casi el 25% de los jóvenes de entre 18 y 24 años creen que el sistema democrático actual es igual o peor que la dictadura franquista.







