Este drama noruego no tiene la menor capacidad visual ni de lenguaje cinematográfico, e ilustra una historia relamida y explícita hasta lo exasperante
Al grano: el Oso de Oro del festival de Berlín 2025 concedido a Sueños en Oslo, película del noruego Dag Johan Haugerud, es probablemente el premio más inconcebible de los grandes certámenes del cine reciente. Primero, por su calidad: es mala a rabiar. Y segundo, y casi más sorprendente, por su estilo, en las antípodas de lo que los más prestigiosos festivales sue...
len seleccionar y galardonar, y de lo que la mayoría de la crítica especializada suele ensalzar en este tipo de eventos: un trabajo sin la menor capacidad visual ni de lenguaje cinematográfico, que ilustra una historia relamida, explícita hasta lo exasperante y no solo hablada sin un instante de descanso, sino sobre todo contada a través de una inexplicable y persistente voz en off que literalmente desgrana todo lo que piensan a cada momento los personajes. Una (mala) novela (mal) filmada, podríamos decir, si no se diera el hecho de que ni siquiera parte de un libro, pues se trata de material original para cine.
Pero el cine nunca fue esto.
Quizá algunos se pregunten e incluso afirmen que, en su sexto largometraje como director, ahí puede estar el mérito de Haugerud: en su singularidad, en su anomalía, en hacerlo al revés de como suele hacerse, en aportar un modo de narración que se escapa de cualquier convencionalismo. Aunque igual lo que habría que preguntarse, y quizá responderse, es que el hecho de que nadie filme y narre así es por una simple cuestión: porque resulta horrendo para el ojo, para el intelecto y para el oído.






