El festival alemán ha presentado una Competición con buenos momentos y con muchos filmes sobre familias en demolición. Sin embargo, lo proyectado en las salas ha quedado relegado por el ruido mediático

Mientras la directora de la Berlinale, Tricia Tuttle, sigue poniendo sacos terreros para intentar que la marea de indignación sobre cómo se trata la invasión de Gaza en el certamen no le inunde las salas de cine, las proyecciones de la 76ª edición del festival prosiguen. El certamen alemán siempre ha sido el festival de cine más politizado, pero el terremoto del año pasado ha mantenido su onda expansiva en 2026, provocando la sensación de que existen víctimas de primera clase (ucranianos e iraníes) y de segunda (gazatíes). Tuttle ha habl...

ado mucho más de política que de comisariado fílmico.

Tras la carta de 81 personalidades mundiales del cine que se declaraban consternadas ante el rechazo del evento de condenar el genocidio de Gaza y las señales evidentes que reciben en Alemania los artistas para no hablar de este tema, Tuttle concedió una entrevista a Screen International, donde se defendía: “Reconocemos el origen de esto: la profunda ira y frustración por el sufrimiento de la gente en Gaza [...]”. Y llega al meollo del asunto, en un evento pagado por dinero público: “La gente se está dando cuenta de que quizás la staatsräson [el compromiso de la legislación alemana con la seguridad de Israel, arraigado en la responsabilidad histórica por el Holocausto] nos impide tener conversaciones importantes sobre el gobierno que actualmente gobierna Israel”.