Parece poco intelectual hablar de TikTok, pero no es más que una repetición del pasado con distintas vestiduras

Cuando uno se adentra en la edad provecta —palabra esta a la que siempre temí, pero ahora debo afrontar— debe cuidarse mucho de no aislarse del mundo que sigue andando alrededor con su vértigo de siempre. Saber atrapar el presente y no convertirse uno mismo en pasado; y, primero que nada, buscar entender lo que nos parece extraño. “No sea yo viejo gruñón, ni avaro, ni enteramente viejo”, nos recuerda el poeta nicaragüense Salomón de la Selva. El martilleo discordante del reguetón y sus letanías monocordes, los influencers que se alimentan de likes o perecen,

f" rel="" title="https://elpais.com/tecnologia/2025-01-19/tiktok-la-compania-que-cambio-la-cultura-de-internet.html" data-link-track-dtm="">o los narradores de TikTok, un universo donde todo ocurre en la superficie y es instantáneo.

Parece poco intelectual hablar de TikTok, pero es allí donde está la trampa que te pone la inmovilidad del aislamiento, que te lleva a ignorar o a desdeñar lo que de lejos te parece banal. Pero lo que rechazas por vano y superfluo no es más que una repetición del pasado con distintas vestiduras, porque el tiempo vuelve a cerrarse siempre sobre sí mismo, si creemos a Borges, quien a su vez creía en Pitágoras.