No saber bien qué pasa, y menos aún cómo te sobrepones, es el peaje de todo presente

Algunos días estás tan saturado de información, y al mismo tiempo desorientado, y te has vuelto tan suspicaz, pero a la vez tan incrédulo, que si alguien publica un artículo titulado Claves para afilar un lápiz, lo lees, por si acaso se vuelve viral y te quedas fuera de la conversación. No sé si es un gran ejemplo, porque a lo mejor encierra su misterio usar bien el sacapuntas. Te espanta la idea, en cualquier caso, de perderte algo y que justo sea lo que alumbre eso que hoy le pasa al mundo, incluso lo que al fin lo resuelva. Enfrentas semejante torrente de novedades, estímulos, declaraciones, versiones, enlaces, mensajes, stories, newsletters, substacks, que ya ...

no sabes a qué merece la pena prestar atención y a qué no, qué es cierto y qué dudoso, qué una mamarrachada y qué un latigazo de lucidez, qué te va hacer malgastar el tiempo y qué ganarlo. No saber bien qué pasa, y menos aún cómo te sobrepones, es el peaje de todo presente.

Vivimos tan rodeados de hechos y aserciones por todas partes, y de analistas, y de expertos, y de falsos expertos, y de personas que simplemente necesitan trasladarte sus opiniones porque si no podrían explotarles por dentro y matarlas, que hasta cierto punto resulta normal la sensación de no enterarse de nada. La confusión está clarísima, y no sabes si experimentar angustia o indiferencia. El torrente de información por la que uno puede ser arrastrado lleva a no poca gente a optar por no involucrarse demasiado en la actualidad. Tiene sentido la renuncia a fin de no ser aplastado por ella. Quizás prefiere construir sus días, el objeto de su atención, con sus propias manos, por así decir, y pensar y vivir más allá del mainstream, de los titulares volátiles, de la actualización frenética, paranoide y alienadora de la realidad, sobre la que, dicho de paso, descansa el negocio. Ya saben, lo de Milton Friedman, lo de que “el negocio de los negocios es el negocio”. Así que no afearé a quienes protegen su cerebro del consumo incesante de información.