Los testigos de las defensas dibujan un escenario alejado del horror y el dogma descritos en los testimonios de las siete sesiones previas
Ni ritos sexuales con fines sanadores. Ni abusos a menores. Ni porno junto a niños. Ni orgías en torno al “triángulo de luz” o al “círculo de las 7 elegidas”. Ni jerarquía. Ni limitaciones de movimiento. Ni coacciones. Nada. En la hora y cuarto que ha durado la octava sesión del juicio contra seis integ...
rantes de la secta asentada en una masía de Vistabella (Castellón), los cinco primeros testigos propuestos por las defensas han negado —o han reconocido no recordar en otros casos— que el horror y el dogma relatado en las siete jornadas previas marcaran la vida en el interior de ese búnker a escasos kilómetros del pueblo.
Los cinco, todos adeptos al grupo pseudorreligioso que lideraba el tío Toni, fallecido en prisión pocos meses después de ser detenido, han ensalzado su figura y su poder. “Era un ser especial. Con su palabra, te sanaba”, ha señalado la primera de las testigos, una joven de 29 años nacida en el interior de la secta, antes de su traslado a Vistabella, y hermana a su vez de una de las denunciantes de abusos sexuales siendo menor. “Para mí [la organización] era mi familia”, ha indicado la joven. Según la acusación, sería hija biológica del líder. Preguntada por ello este jueves, ha respondido tajante: “No me planteo hacerme las pruebas de paternidad”.






