El juicio por el asesinato de un matrimonio y su hija en Guadalajara en 2024 muestra la sórdida vida ligada a las drogas de los tres acusados, su coartada
Escuchar en la sala de vistas de la Audiencia Provincial de Guadalajara a Fernando Peña, de 26 años y principal acusado del triple crimen de Chiloeches, y a sus presuntos cómplices y amigos “de fiesta”, los primos David Moreno Álvarez y Cristian Borja Moreno, de 27 y 25 años, es como visionar una versión actualizada de
ario/1983/10/04/cultura/434070009_850215.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/diario/1983/10/04/cultura/434070009_850215.html" data-link-track-dtm="">El Pico, la icónica cinta del cine quinqui español de los años ochenta.
Los tres amigos pertenecen a la llamada “mafia de Pioz”, un pueblo de Guadalajara de 5.200 habitantes, a 14 kilómetros de Chiloeches. Se trata de una suerte de turba de jóvenes agitados desde la adolescencia por un consumo frenético de drogas y con afición a las artes marciales. Peña, apodado El Pelirrojo y nieto de un exalcalde del pueblo, ejercía de líder del grupo con un amplio rosario de antecedentes por robos con fuerza, estafas, conducción sin carnet, desobediencia, resistencia... David, que vivía con sus abuelos, sin oficio ni beneficio y que había sido tratado por su adicción a las drogas, era uno de sus acompañantes habituales en sus fechorías y altercados a cambio de drogas. Y Cristian, aunque en teoría no se drogaba, y tiene reconocida una discapacidad del 61%, era “uña y carne” con su primo David, además de ser el novio de Laura, una de las tres víctimas. La imagen de los tres, cabizbajos y sentados formalmente junto a sus abogados en la sala, y los relatos de sus vidas muestran las dos caras de una verdad que debe de ser desentrañada ahora, y hasta este miércoles 19 de noviembre que finalice el juicio oral, por un jurado popular.






