Fue construido en el siglo VIII por la nobleza local en el valle de Huerna para defenderse del avance musulmán en el norte peninsular

Entre los siglos II y IV d. C., en plena decadencia del Imperio romano, grupos de peligrosos bandidos asolaban el valle de Huerna (Asturias). A estas asociaciones de malhechores se las conocía como bagaudas y estaban formadas, principalmente, por

a/2024-11-01/hallados-200-objetos-abandonados-por-los-legionarios-romanos-en-dos-campamentos-de-alta-montana-en-asturias.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/cultura/2024-11-01/hallados-200-objetos-abandonados-por-los-legionarios-romanos-en-dos-campamentos-de-alta-montana-en-asturias.html" data-link-track-dtm="">soldados romanos desertores, esclavos y forajidos. Así que la población indígena creó una red de fortificaciones (castros) que se convirtieron en pequeños centros de poder local. La inestabilidad se repitió en el siglo VIII, pero esta vez provenía de la mano de los musulmanes que acababan de invadir la península. Ante la peligrosa situación, la élite social del Huerna reocupó un viejo castro astur, lo reforzó con grandes murallas y torres y lo convirtió en una orgullosa fortaleza feudal. Sin embargo, en el siglo XIII su pista se perdió, pero ahora ha sido de nuevo localizado bajo una colina y está considerado el segundo castillo medieval más antiguo de Asturias, según revela el estudio El castichu de Tiós, una nueva fortaleza del reino medieval de Asturias.