Sobre un peñasco de casi 600 metros de altitud, un curioso viajero puede sorprenderse de ver de lejos la imponente fortaleza de San José de la localidad de Guadalest. Este baluarte, cuyos cimientos se remontan al lejano siglo XI bajo el dominio musulmán, corona el pintoresco municipio de la provincia de Alicante (y cuyo nombre en valenciano es, precisamente, El Castell de Guadalest). Su silueta desafía la gravedad desde lo alto de una roca vertical, ofreciendo una de las estampas más icónicas de la provincia. A pesar de los siglos transcurridos, los restos que hoy se contemplan siguen narrando historias de conquistas y resistencia feudal.

La integración del pueblo con su entorno natural es tan perfecta que las casas parecen brotar directamente del mismo relieve geológico. Es un lugar donde el tiempo parece haberse detenido entre piedras milenarias que han visto pasar civilizaciones enteras. Se trata de una construcción árabe que se ubicaba en la parte más alta de este municipio tan espectacular y bajo la cual se construyó el actual pueblo. Esta fortaleza tiene la peculiaridad de albergar a la villa entera, pues toda ella formaba parte del castillo y está rodeada de montañas.

Para acceder al núcleo histórico de este enclave medieval, el visitante debe atravesar un singular túnel excavado directamente en la piedra natural de la montaña. Este pasaje actúa como un portal temporal que divide el municipio en dos barrios perfectamente diferenciados por su altitud y función original. En la zona más elevada se halla el recinto del castillo, mientras que a sus faldas se extiende el barrio del Arrabal, nacido del crecimiento posterior. Pasear por sus calles empedradas y estrechas requiere un esfuerzo físico que se ve recompensado con panorámicas inigualables del valle y el pantano azul. La orografía es tan abrupta que el campanario de la iglesia se alza exento sobre una peña, convirtiéndose en el símbolo visual de la localidad.