Los españoles se amoldaron a la dictadura y luego se autoindultaron abrazando la democracia
En 1978, o sea, tres años después de la muerte de Francisco Franco, el escritor Fernando Vizcaíno Casas, al que los más viejos del lugar recordarán con aquel bigotito fino tan característico de los adeptos al régimen, publicó un libro que se titulaba …Y al tercer año resucitó. Aquella novela satírica —más con la Transición que con la dictadura— llegó a vender casi medio millón de ejemplares, y dos años después se convirtió en película. En las primeras escenas aparece Franco haciendo autostop en la puerta del Valle de los Caídos. Cuando por fin logra que un camionero se pare, el Generalísimo le ordena:...
—Lléveme al Palacio de El Pardo.
Si hoy, 50 años después de su muerte, aquel caudillo resucitado se colara entre los visitantes que esta mañana de noviembre han pagado nueve euros por una visita al palacio —una pareja de japoneses, otra de mexicanos, y otras dos que parecen extras de la primera temporada de la serie Cuéntame—, escucharía decir a la guía: “El recorrido durará una hora aproximadamente. Visitaremos todo el palacio, menos las dependencias privadas del general Franco, que permanecen cerradas en cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica”.












