La legislatura entra en fase de hibernación, con dificultades crecientes y en ambiente ya de campaña autonómica, pero el Gobierno logra sacar lo fundamental y se conjura para seguir hasta 2027
En política también hay periodos de hibernación. Son momentos en los que las cosas se ponen tan difíciles que la mejor solución es esperar a que baje la tormenta para ver qué queda después de la nieve. La legislatura, y en especial la relación entre el PSOE y Junts, la más tormentosa pero a la vez imprescindible para sacar adelante la investidura ...
de Pedro Sánchez en 2023 y para avanzar en las reformas pendientes, ha entrado en esa hibernación, a la que en pocas semanas se suman dos elementos clave: la campaña de las elecciones extremeñas [21 de diciembre], que se empalmará después con las de Castilla y León y más tarde con las andaluzas, si es que no hay más, y el parón en el Congreso, que solo tendrá una semana de pleno en diciembre y estará sin ellos hasta finales de enero, mes inhábil.
Ya no hay reuniones secretas en Suiza, ni en Bruselas, ni negociación intensa, ni fotos de acuerdo, ni comunicados pactados. Todo está aparentemente parado entre el PSOE y Junts. Y sin embargo, los contactos informales en el Congreso siguen entre estos dos grupos, las votaciones se suceden -vienen ahora dos semanas con varias importantes- y los independentistas volvieron a salvar al Gobierno de varias derrotas relevantes esta semana, en especial la de la prórroga de las nucleares, con la que el PP quería demostrar que hay una mayoría alternativa en el Congreso.






