Líderes indígenas y sociedad civil enterraron de forma simbólica al petróleo, gas y carbón en un acto paralelo a las negociaciones de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático

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Entre cantos, bailes y murmullos, llegaron tres tumbas negras, de entre cinco y siete metros de altura, a los exteriores del nuevo Mercado de São Brasil, en Belém. No faltaron las viudas a su alrededor, pero los asistentes no las esperaban con tristeza, sino más bien con la esperanza de que este funeral simbólico se convirtiera en una realidad. Cada caja tenía un nombre: Gas, Coal (carbón) y Oil (petróleo). Delante de las estructuras gigantes, una boa, sostenida por una decena de personas, zigzagueaba de un lado al otro y, custodiándola, una fila de más de 80 jaguares se imponía en las calles de la ciudad amazónica.

Así, estos animales emblemáticos de la Amazonia, comenzaron a caminar, abriendo paso para que los más de 50.000 asistentes, que según los organizadores, participaron en el Funeral de los Combustibles Fósiles. “Es un acto simbólico, pero un mensaje político. Los negociadores en la COP necesitan construir la ruta de camino para enterrar y acabar de una vez los fósiles”, dice Joao Talocchi, cofundador de la Alianza Potencia Energética.