Casi 20 años después del comienzo del cinturón de vegetación de 8.000 kilómetros de largo y 15 de ancho, que atraviesa 11 países de África, la ejecución del proyecto roza el 30%

Galadima Bulama ya había perdido la cuenta de cuántas veces los fuertes vientos polvorientos del desierto del Sáhara arrancaron el techo de su casa y afectaron la parcela donde cultiva. Cada vez que esto ocurría, él, sus dos esposas y sus siete hijos buscaban un refugio temporal. Bulama vive en la aldea nigeriana de Madugumsumi, en el estado de Jigawa, fronterizo con Níger. En esta aldea de 7.000 habitantes, dedicada a la agricultura, muchos cultivadores han abandonado sus tierras, lo que ha provocado escasez de alimentos y pérdida de ingresos. Cada año, Nigeria pierde unas 35.000 hectáreas de tierra debido al avance de desierto hacia el sur.

Hace ocho años, Bulama se unió a una solución para proteger su casa y su parcela. Hoy, ve los frutos: una pared de 10.000 árboles plantados a lo largo de seis kilómetros protege a la aldea del viento. Forman parte de la Gran Muralla Verde, un cinturón de vegetación de 8.000 kilómetros de largo y 15 de ancho, que constituye una de las iniciativas de restauración ecológica más ambiciosas de África.