Empieza a emerger una ultraderecha social que ha hecho suya la premisa de que el empobrecimiento se ha vuelto estructural en España

Vox ha decidido desafiar al Little Miami de Isabel Díaz Ayuso. Es decir, haber convertido Madrid en el paradigma de una derecha globalizada, amiga de los impuestos bajos y atractiva para las élites hispanoamericanas de alto poder adquisitivo. Frente a ese modelo de los ganadores del sistema, el partido de Santiago

ca-al-logro-de-le-pen.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/espana/2025-08-10/abascal-coge-fuerza-entre-obreros-y-parados-y-se-acerca-al-logro-de-le-pen.html" data-link-track-dtm="">Abascal opta ya por presentarse como el partido de quienes se sienten sus perdedores. La cuestión es si ese giro obrerista —que algunos tildan de falangista— constituye una amenaza para el Partido Popular a largo plazo.

En esa línea se inscribe el relevo en el Congreso del portavoz adjunto, Javier Ortega Smith, por el diputado Carlos Hernández Quero. El partido aparta ahora a los últimos vestigios de su vieja guardia, tras la salida de figuras como Iván Espinosa de los Monteros. Este era el principal representante del ala liberal en la ultraderecha: no por casualidad ha fundado recientemente el think tank Atenea, más parecido al viejo Ciudadanos o al PP que a su partido original. En definitiva, asistimos al auge de un diputado, Hernández Quero, que bien podría estar en Podemos por su estética o retórica social. El treintañero madrileño se dirige a los barrios populares con un discurso antiélites y critica las facilidades que en el “Miami madrileño” se quieren conceder al capital extranjero. Tampoco parece un nacionalista español al uso: su propuesta no es envolverse en la bandera, sino el sentimiento de pertenecer a una familia, un barrio o una comunidad.