Vox no quiere ser una derecha como el Partido Popular, ni tampoco su muleta, sino desafiar aquello que Pablo Iglesias solía tildar de ”régimen del 78″. Es decir, transformar el tablero político y sustituir a largo plazo al partido de Alberto Núñez Feijóo. La ultraderecha quizás se haya dado cuenta de que existe un caldo de cultivo social, económico y generacional para acabarle de dar la puntilla a nuestro bipartidismo clásico. Ha ocurrido ya en otros países.

Lo extraño que no haya pasado aún en España. El 15-M puso por primera vez en jaque los cimientos de nuestro sistema, pero Partido Popular y PSOE resistieron el envite de sus competidores. Entre tantos motivos, tuvo mucho que ver con el llamado cerrojo del bipartidismo. Este no solo pivota alrededor de dos grandes partidos que tienden al centro, sino que también está sostenido por una importante base social que es la generación del baby boom. Los nacidos alrededor de los años sesenta han moldeado España como la entendemos: su mirada atraviesa nuestra democracia, empresas, instituciones... Son además la generación más decisiva políticamente. No tienden tanto a votar extremos porque vivieron la Transición y saben lo que ha costado conquistar esos derechos y libertades. Por tanto, que el bipartidismo mute, o el PP sea reemplazado por otra fuerza, solo puede venir de un relevo generacional, y de un cambio cultural o de valores.