La institución multilateral calcula que la productividad de la UE aumentaría un 20% si se aceleraran las reformas para armonizar legislaciones, facilitar la movilidad laboral o abrir sectores protegidos

Mario Draghi ha convertido el verbo en un elemento de alquimia económica. Si hace más de una década formuló una frase que empezaba con 14 palabras para alejar los fantasmas sobre Europa (Whatever it takes...), la semana pasada martilleó en Madrid con la siguiente: “La Unión está en una situación más complicada que hace un año y ...

necesita invertir 1,3 billones y hacer las reformas imprescindibles para no quedarse atrás. Hay que ir más aprisa. Queda menos tiempo”.

Hace ya más de un año que el mago italiano, ex presidente del BCE, ex primer ministro italiano y el personaje en el que muchos han puesto sus esperanzas para revitalizar a la vieja Europa, presentó su informe con el análisis y las recetas para rescatar a la UE de su parálisis. Pero en esta ocasión sus palabras parecen haber caído en el vacío. Ahora es el Fondo Monetario Internacional (FMI) el que insiste en convertir en prosa los versos del alquimista italiano. “Con el impulso del crecimiento desvaneciéndose, Europa se está instalando en una senda lenta y mediocre a medio plazo”, ha advertido Alfred Krammer, economista principal del FMI para Europa, durante la presentación en París del informe Lograr el éxito de las reformas europeas sobre el terreno. Un título elocuente que no deja lugar a dudas de su intención.